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Don Lencho Sola

Don Lencho Sola

 

Florencio Sola

 

Alguien del barrio que compartió muchas cosas con él, recuerda que lo llamaban “Carlos”. Hasta que un día él le preguntó “¿Por qué me llamas Carlos si yo soy Lencho?”. “Por que te pareces a Gardel”, le contesto. “yo lo conocí a Gardel”

–Prosigue- en el bar Marzotto de Corrientes y Cerrito. Llegaba y pasaba al fondo, donde había una mesa (especie VIP) y se sentaba con sus amigos. Los mangueros hablaban con el mozo, que le pasaba el mensaje a Gardel. Entonces sacaba del bolsillo del pantalón los pesos planchados, el mozo se lo lleva al manguero y Gardel lo saludaba desde lejos. Pensar que cunado Lencho venia a Mar del Plata, en la puerta de su casa se formaba una cola de gente que quería que lo recibiera. Parecía la casa de un político. Era muy bueno. A muchos que estaban enfermos les pagaba los médicos, los remedios. Tal vez después no les daban ni las gracias. Ahora nadie se acuerda de el Lencho…” ¡cuanta razón tiene esto ultimo! En especial las nuevas generaciones de hinchas de Banfield que leemos su nombre en el estadio ubicado en la esquina de Peña y Arenales, y en la mayoría de los casos no saben ni siquiera quien es y quien fue. Y ven su nombre como algo mítico, al lado de ese 1896, año de fundación del club. Sin embargo también es el deseo de Lencho que no lo molesten, ahora que vive en el barrio de Villa crespo en la Capital Federal.

“Lencho” es el apodo de Florencio Sola, quien fuera presidente del Club atlético Banfield en su primer momento de mayor gloria. Nació en Buenos Aires el 7 de noviembre de 1908 pero vivió en Banfield desde los cuatro años. Es hijo de Félix Sola y Juana Echeverría, matrimonio del que nacieron Félix –más conocido como Felicito -, María Sara, Florencio y Remigio. Los tres barones fueron presidente de Banfield.

Don Félix Sola era un “conocido empresario y capitalista del juego que actuaba en Avellaneda y la Capital Federal” y que entre otras cosas poseía las concesiones de los casinos de los clubes de Mar del Plata y Pueyrredón -que fueron heredados por sus hijos- en la todavía muy aristocrática “ciudad feliz” De los años 20. Luego de un tiroteo en Banfield, en la equina de Pueyrredón y Maipú, falleció en octubre de 1930.

En los primeros días de ese mes, el joven Florencio fue amenazado y extorsionado. Le exigían la suma de 2.000 pesos y tenían plazo para desembolsarla hasta el día 15 a las 20.30, de lo contrario moriría él y su padre.

Los hechos y la óptica de lo que sucedió ese día y a esa hora en el medio del intenso movimiento que caracterizaba a la calle Maipú entre la estación y la iglesia variaron según los medios, ya que llego a la tapa de casi todos los diarios de Buenos Aires. Mientras LA UNION de Lomas de Zamora hablo de los “viejos vecinos” que colaboraban con las fuerzas vivas locales como la sala de primeros auxilios “Dr. Manuel Ricci” o el club Buchardo, ambos de Banfield, en La Razón trataron a Sola de “tahures”. Según el primero, Don Félix, recién llegado de “La Metrópoli”, fue a buscar a su hijo Florencio al café “Plus Ultra”, que estaba ubicado en Maipú 390, cuando un desconocido lo invitó a salir a la calle a conversar. Antes de que saliera, Lencho le dijo “todo esta arreglado, papá. Sin embargo, parece que me quieren acribillar a balazos aquellos individuos en la acera de al frente”. Los tres se dirigieron a la esquina de Pueyrredón, donde el desconocido le solicito los 2.000 pesos a Félix. Al negarse “le aboco una pistola en el abdomen haciéndole barios disparos”. Florencio corrió en su auxilio, pero fue interceptado por otro malhechor, que le disparo a quemarropa.

Para La Razón “los agresores -12 distribuidos en grupos de cuatro- se situaron en la esquina correspondiente a la iglesia, una farmacia y una cigarrería, haciendo fuego hacia el ángulo noroeste” y agrega que “tanto los Sola como los acompañantes estaban apercibidos para la lucha, porque sacaron a relucir sus armas y repelieron la agresión de igual manera”.

No se escucharon menos de 30 disparos. Los corrieron hacia el este, donde los vieron varios vecinos, hasta las proximidades de Monte Correa, donde desaparecieron. Los Sola quedaron gravemente heridos y un sargento los llevó en su auto al hospital Gandulfo. Don Félix, un español de 57 años que era diabético, no se recupero y falleció el 22. En cambio Lencho se recompuso y en rueda de presos en el mismo hospital, reconoció días mas tarde a tres agresores: eran de Sarandi, Avellaneda y Piñeyro, lo que dio lagar al rumor de que en el atentado tuvo que ver Juan Ruggiero, el legendario matón del intendente conservador de Avellaneda Alberto Barceló, zona en que los Sola tenían parientes. Según Norberto Folino en “Barceló y Ruggerito, patrones de Avellaneda, “los hermanos Benigno y Vicente Sola son los capitalistas del juego de filiación radical mas importantes en el comité de Fabián Onsari. Benigno es propiamente el capitalista. Vicente el que atiende a los pasadores. Ambos tenían que alimentar un amplio malandrinaje y soportar las condiciones adversas de la jefatura de Barceló y la consiguiente represión policial.

Al cumplirse el octavo aniversario del fallecimiento de Don Félix, el club Buchardo le hizo un homenaje que incluyo la colocación de una placa en la bóveda de los Sola. Florencio estaba presente y un grupo de dirigentes de Banfield se le acerco y le ofreció la presidencia del club. Corría octubre de 1938 y se atravesaba, tal vez, el momento mas critico de la historia de Banfield. La situación económica era agobiante por las deudas de la más variada índole. El aporte societario era entusiasta pero mínimo… solo quedaban 232 socios. Y como si fuera poco, al ser derrotados en la última fecha por Argentinos de Quilmes, el equipo había perdido su permanencia en segunda división. La presidencia era un desafío, pero Lencho acepto entusiasmado.

Militar en tercera división tal vez hubiese sido el principio del fin, ya que Banfield no lo hacia desde 1907. Pero una circunstancia fortuita abrió una esperanza cuando el club de segunda división Estudiantil Porteño decidió desafiliarse y dejo un logar vacante. Según viejos personajes del barrio, Florencio analizo la situación:” ¿Qué dirigente de la AFA no precisaba un carnet para entrar al casino? ¿Que dirigente le tiraba de la manga a alguno de los Sola?. Inmediatamente el club se dirigió al comité ejecutivo de la AFA solicitando el lugar que había dejado Estudiantil Porteño. Se vivieron días de profunda ansiedad en los que Lencho, silenciosamente, movía todo lo que tenía a su alcance y buscaba por todos los medios aprovechar la vacante. Finalmente llegó la respuesta, en honor a los antecedentes de la institución, el organismo rector de nuestro futbol hizo lugar a lo solicitado. Pero la AFA exigía una serie de modificaciones en el estadio de Peña y Arenales cuya realización escapaba aparentemente a toda posibilidad.

La asociación exigía la contracción de tribunas de hormigón armado con capacidad para 20 mil personas, boleterías y baños. Entre otras cosas el costo total de lo demandado ascendía a la imposible suma de 103 mil pesos. Pero Lencho, presidente a los 30 años, “no era hombre fijarse en esos detalles”. Forma una subcomisión “Pro tribuna” poniendo al servicio de la empresa su esfuerzo y su patrimonio. Al mismo tiempo creo una “comisión especial de propaganda y conscripción de socios” que organizo una campaña que incluyo el sorteo de una Ford V8 modelo 1938 y que dio como resultado 800 nuevos asociados.

Paralelamente tubo que armar un nuevo equipo para afrontar el campeonato de segunda de 1939, en el que Banfield fue local en Talleres de Escalada y por única vez en la historia participaron las reservas de los equipos de primera. Lencho había jugado en la quinta de Banfield, sabia lo que era estar de la línea de cal para adentro. El era un “buen catador de futbol”. Nunca fue de los dirigentes que entran al vestuario a gritar o pedir explicaciones. Siempre fue muy amigo del jugador, al que premiaba o agasajaba aunque se perdiera. Don Emilio Baldonedo, ex jugador de Huracán y entrenador de Banfield y para quien Lencho es “el hombre mas humano que he conocido en mi vida”, recuerda que le decía a los jugadores que “si se gana el partido hay tanto de premio mas para repartir”, y agrega “no se donde salía, porque los porcentajes del club eran muy pequeños”.

Asesorado, sabiendo escuchar y opinar, Lencho formo un plantel de 22 jugadores, comprados o conseguidos por él. En su mayoría eran suplentes de primera, pero también, por ejemplo, trajo de la ciudad feliz a Leonardo Lemmi, quien jugaba en Kimberley, era ascensorista del club Mar del Plata, y fue una revelación. El equipo comenzó el torneo a las órdenes de José Ildelfonso Martínez, quien entrenaba a Banfield desde 1930 y acababa de recibirse de kinesiólogo. Mas tarde acompaño en la tarea Julio “el Negro” Benavídez, ex delantero de Nacional (hoy Argentino) de Rosario, Tigre, Boca y Atlanta, que en Banfield se revelo como “un entrenador avezado, inteligente y dueño de un dominio psicológico de la situación realmente estupendo”.

El campeón de este inusual torneo de asenso fue la reserva de San Lorenzo, pero los clubes de segunda mejor clasificados jugaron reducido que Banfield gano, y así obtuvo su primer acenso en el profesionalismo.

Al finalizar este mini torneo, Bracas Central denuncio a Banfield por soborno, al comprobarse el hecho el club fue sancionado con la perdida de la afiliación por 30 días. No se le cuestiono el asenso, pero perdió sin jugar los primeros cinco partidos del torneo de primera de 1940.

Para no correr el riesgo del pobrísimo desempeño de Argentino de Quilmes, el equipo que había ascendido en 1938 a primera y descendido por haber cosechado tan solo cuatro puntos en 34 partidos, Florencio decidió volver a armar un conjunto completamente nuevo. Muchísimos jugadores fueron probados y hasta se llego a decir que se iba “alquilar” un equipo Uruguayo. Finalmente contrato a Enrique Lúpiz como entrenador y trajo cinco jugadores Uruguayos, cuatro de la reserva de Boca, otros tres de la de River y dos de San Lorenzo, con lo que armo un conjunto compacto que termino décimo entre 18 clubes.

Banfield había comenzado el torneo en la sexta fecha y un par de victorias resonantes apenas debutó en la divisional, como un triunfo en Avellaneda ante Independiente, llamaron la atención de la prensa deportiva. Con diez puntos menos, el equipo necesitaba –y las arcas del club también- que la gente lo acompañaran, entonces el intendente del estadio Emilio Ferrari, que tenia una imprenta, hacia panfletos incentivando a la hinchada. En uno de ellos se llamo a Banfield “El Taladro” y este llego a las manos de los cronistas del desaparecido diario capitalino “El Pampero” que fue el primer medio en llamarlo así a Banfield por iniciativa del jefe de la sección deportes, un periodista de apellido Navarro. A los pocos meces otros diarios empezaron a húsar el seudónimo, entonces el 5 de agosto de 1940 cuando finalizaba la primera rueda, un pequeño recuadro en El Pampero titulado “grito de guerra: !El Taladro¡” afirmo que “cada vez que Banfield juega, como local o visitante, los numerosos simpatizantes que fielmente lo siguen, ponen de manifiesto su entusiasmo con el grito de ¡El Taladro! ¡El Taladro!. Y no se han de olvidar los lectores de El Pampero que ese apelativo que viene tan bien, lo fue endilgado por nosotros. Es, modestamente, un pronto de nuestra sección deportes. Hacemos constar el mote por nosotros endilgado, debido a que ‘ciertos diarios’ lo usan ya en sus crónicas, pero ‘al César lo que es del César’… y al Pampero lo que es de él’. De todos modos en 1946 cuando Alfredo de Angelis compuso el tango “El Taladro” el apodo se popularizo y paso a ser oficial del club.

El balance de los dos primeros años de gestión de Lencho Sola era óptimo. El club no solo había ascendido, también había su superado su bautismo de fuego en primera sin peligro de descenso, el estadio había reabierto sus puertas el 6 de octubre de 1940 y el caudal de socios había pasado de escasos 232 a casi cuatro mil.

En 1941 Florencio quiso traer a Banfield jugadores ingleses, idea de la que desistió ante el riesgo de que no se adapten al medio. En Junio de ese año el arquero de Tigre José Monjo, denuncio que gente de Banfield habían intentado sobornarlos. Esta vez la suspensión fue de 60 días, con las perdidas de las recaudaciones y de todos los partidos que se jugasen en ese lapso. En total fueron ocho, por lo que el club al finalizar le debían descontar 16 puntos. Además fueron expulsados de la AFA Enrique Lúpiz y hasta el mismo Monjo, por obstaculizar la investigación. Los clubes que estaban comprometidos con el descenso respiraron aliviados por que el retorno de Banfield a la segunda era prácticamente un hecho.

Conducidos técnicamente por el “Galgo” Mario Evaristo, ex puntero de Boca, Independiente y mundialista en 1930, Banfield comenzó a ganar partido tras partido para asombro no solo de la tribuna Albiverde, sino de toda la afición en general, la que se Solidarizo con el once Banfileño. Paralelamente, al verse privado de las recaudaciones, el club se encontró forzado a pedir un préstamo al Banco Avellaneda, pero los jugadores profesionales acordaron recibir 300 pesos de sueldo en lugar de lo que le correspondía por contrato, los de la reserva donaron sus sueldos y viáticos y el kinesiólogo José Ildefonso Martínez decidió trabajar “ad honorem”.

En la ultima feche del torneo Banfield debía enfrentar a Rosario Central en el Sur. El “Canalla”, sin esperar la reacción del Taladro, se había “dormido en los laureles” y contaba con solo 16 puntos. Banfield sumaba 31, pero reales eran 15. El partido decisivo se jugo bajo una intensa lluvia. A los 13 minutos el Taladro ganaba 3 a 0 y con el 4 a 2 final, termino el torneo en la octava posición con 33 puntos, aunque por la sanción fue anteúltimo con 17, uno mas que Central.

Los “héroes” del 41 fueron los arqueros Juan Bautista Besuzzo y Héctor Taglioretti, los backs Héctor Gualdoni, Federico fatecchi, Luis Menéndez y Aníbal Mendoza, los halves Héctor Cuenya, Leonardo Lemmi, Mario Scavone y Alfredo De Terán, y los delanteros Salvador Laporta, Salvador Alvarez, Florencio Caffaratti, Armando Farro, Jorge Alcalde, Rafael Sanz y Eduardo Silvera.

Las crónicas de la época destacan a todo el equipo, pero resaltan la labor de Mario Scavone, “que sintetiza en su juego la guapeza del tin (sic) del sur”. Había llegado procedente de San Lorenzo en 1940 junto a Agustín Cosso y firmo su contrato en el camarín del actor Pepe Ratti, gran hincha del club.

En 1942 Banfield realizo otra gran campaña finalizando séptimo, pero un año mas tarde termino anteúltimo, siempre con Lencho como presidente.

1944 no fue un buen año para Florencio Sola. El 18 de noviembre el presidente de la Nación, general Edelmiro Farrell, decreto la caducidad de todas las concesiones otorgadas hasta esa fecha por los gobiernos provinciales a favor de cualquier empresa o persona jurídica privada para la explotación de casinos o salas de juegos. Esa caducidad se haría efectiva fueran cuales fueran las cláusulas de dichas concesiones o las denominaciones que recibieran los establecimientos en las que las mismas actuaban. Este decreto fue complementado por otro del 30 de Diciembre firmado por Farell y refrendado por los ministros Alberto Teisaire, Orlando Peluffo, César Ameghino, Rómulo Etcheverry Boneo, Juan Domingo Perón y Juan Pistareni, que establecía que la lotería de beneficencia nacional se haría cargo de la administración y explotación de los casinos, salas y centros de esparcimiento, en las localidades de Mar del Plata, Necochea y Miramar. Entre los considerados que utilizaron como argumento, se afirmaba que la sumas de dinero que se comprometían cada año en el país en todo juego de azar, impresionaban por su enorme cuantía, ya que excedían los totales de los presupuestos de gastos del casi todas las provincias argentinas.

Pero esto último no fue lo único que debió soportar Florencio Sola en 1944. El 14 de enero, cuando las tribunas estaban vacías y los jugadores de licencia, una noticia conmovió al ambiente futbolístico. El presidente del Club Banfield, Florencio Sola, los entrenadores Emérico Hirschi y Mario Fortunato, más un grupo de jugadores, ex jugadores y periodistas, habían sido expulsados de la AFA por tribunal de pena.

Los considerados del dictamen por un lado decían que estaba probado que Florencio Sola había aceptado entregar 2000 pesos para sobornar al jugador Sebastian Gualco –arquero de Ferrocarril Oeste durante el campeonato de 1941- decisión que, según la declaración del propio Sola, había adoptado para salvar el Club de la difícil situación en que se hallaban. Y por otro lado afirmaban que existía la convicción de que Florencio había entregado a Mario Fortunato 500 pesos antes del partido Banfield-Ferro para que este Club perdiera, actitud que por provenir del presidente de una entidad y de acuerdo con el reglamento, hace responsable a la entidad que preside.

Por ambas razones el tribunal había resuelto:

1° inhabilitar permanentemente por falta de ética deportiva a Florencio Sola, para ser socio, dirigente, etc., del club afiliado.

2° suspender al Club Atlético Banfield por 15 fechas del programa oficial y remitir copia de la parte pertinente de esta investigación al consejo directivo a los efectos que establece el Art. 47, inciso K, relacionado con la convocatoria a la asamblea, y con el Art. 32, inciso F, que se refiere a la desafiliación o expulsión, que es de resorte a la asamblea.

El fallo incluía además la quita de 30 puntos, la obligación de actuar fuera de Peña y Arenales y no recibir el porcentaje de las recaudaciones. El club había quedado acéfalo y al borde de la desafiliación.

Pero había dos cosas que no cerraban y que entendieron la polémica. Una era que el 28 de febrero de 1942 una amnistía que coincidió con la inauguración del nuevo edificio de la AFA había beneficiado a todos los involucrados en todas clases de delitos deportivos cometidos antes de 1942. Si bien el asombro a Gualco no se tenía conocimiento en febrero de 1942, éste había sido cometido en 1941. La otra y más grave, era el articulo 341 del reglamento general de la AFA decía que el tribunal contaba con 280 días para actuar luego de cometido un delito, de lo contrario quedaba “prescripto”. Prescripción: consolidación de una situación jurídica por efecto del trascurso del tiempo, ya sea convirtiendo un hecho en derecho, ya perpetuado una renuncia, abandono, inactividad o impotencia (prescripción liberatoria).

Luego de una interminable sucesión de marchas y contramarchas, el tribunal de penas ratifico la medida pero la intervención de la “inspección de justicia” dependiente del ministerio de justicia e instrucción publica la dejó sin efecto, e indirectamente Florencio Sola quedó absuelto. Había sucedido a Lencho en la presidencia de Banfield el Mayor José Antonio Aguella y su condición de hombre de las fuerzas armadas había influido para que el gobierno del general Edelmiro Farell tomara cartas en el asunto.

El mayor Agulla contó al asumir con el apoyo de todos los sectores, pero en el primer año de su gestión el equipo perdió la categoría. En 1945 en segunda división, bajo la dirección técnica primero de José Della Torre, quien fuera zaguero de Racing, Ferro, Atlanta y mundialista en 1930, y luego de Octavio Díaz, ex arquero de Rosario Central y la sección Argentina, Banfield estaba haciendo una campaña aceptable, pero los hinchas no se conformaban: querían acender. La ansiedad y las precisiones llevaron a contantes cambios en el primer equipo y en la trigésima fecha, al ser vencido Banfield en su cancha por Argentinos de Rosario y tornarse el puntero Tigre virtualmente inalcanzable, la comisión directiva se vio forzada a renunciar en pleno luego de serios incidentes en el estadio.

A mediados de octubre una comisión arbitral se hizo cargo del club y convoco a elecciones, para las cuales se presento una sola lista encabezada por Remigio Sola, hermano de Florencio. En la asamblea previa a la asunción de las nuevas autoridades realizada el 26 de noviembre, el dirigente Blas Cersósimo pidió la palabra y se encargo de comunicar a la comisión directiva “el anhelo de todos los asociados de que se restituya al señor Florencio Sola la posición que le corresponde en la entidad”. Enseguida el club se dirigió al tribunal de penas y este el 7 de febrero de 1946 rehabilitó a Lencho.

Para la temporada 1946 los Sola renovaron parcialmente el plantel y formaron un equipo de lujo para la categoría que arrasó con todo y se consagro campeón con 14 puntos de ventaja, ateniéndose invicto hasta la trigésima fecha en sus primeras 28 presentaciones, las cuales sumadas a las nueve últimas del campeonato 1945 en las que tampoco conoció la derrota, totalizaron 36 partidos invictos, record que recién logro ser superado cuarenta años después, en la temporada 1986/87 por el Deportivo Armenio.

Este equipo era dirigido técnicamente por Luis Ravaschino, ex delantero de Independiente que había formado parte del equipo campeón invicto en 1926 cuyo ataque pasó a la historia con el nombre de “los diablos rojos”. Los titulares fueron Juan José Sánchez; Luis Guillermo Laidlaw y Luis Angel Bagnato; Miguel Puertas, Roberto Hernández y Fernando Sánchez; Roberto Sánchez, José Osvaldo Curti, Gustavo Albella, Rafael Sanz y Eduardo Silvera, pero también jugaron Teobaldo Guzmán, Alfredo De Terán, Rogelio Barzza y Braulio Del Campo entre otros. El grafico describió su juego de la siguiente forma: “Los tres centrales del ataque son, posiblemente, los mejores de cuadro, destacándose la destreza y eficacia de Albella, generosamente apoyada por los insiders Curti y Sanz, este último en admirable recuperación. Inteligente los tres halves de ala, sobresaliendo la acción de Fernando Sánchez, un centre half de útil juego defensivo (Hernández), la línea media es a la vez laboriosa y consiente. En la zaga, la movilidad de Bagnato se adapta cabalmente a la experiencia serena de Laidlaw, mientras que el guardavalla Sánchez, de estilo espectacular, impresiona por la facilidad con que realiza las atajadas más difíciles.

En 1947, otra vez en primera división, Banfield presento la base del equipo que había ganado el ascenso más la incorporación del eje medio uruguayo Santiago Washington Gómez, hermano de Walter Gómez, delantero que más tarde brilló en River Plate. Varios clubes grandes de Buenos Aires habían manifestado su interés por este center half oriental, pero mientras estos hablaban los Sola cruzaron el charco y lo trajeron. De todos modos, la primera declaración a la prensa del nuevo jugador albiverde fue que “no quería ir a un club grande”. Era según Félix Frascara, “el prototipo de eje medio uruguayo, artista en el manejo de la pelota, depurando en su técnica, elegante, fino y muy bueno en el apoyo”.

Jugadas seis fechas El Taladro estaba tercero en la tabla de posiciones pero después una seguidilla de derrotas que llevaron a continuos cambios en el equipo. Así pasaron por la primera entre otros Manuel Oscar Ameal, jugador de la reserva que había hecho toda lqinferiores en River, el wing izquierdo Adolfo Hernández, que junto a Ernesto Alvarez se habían sumado a la reserva al comienzo de la temporada proveniente del club Casilda de Fuentes, Santa Fe, y un chico de 18 años que nació en 9 de mayo de 1927 en Barracas, que jugaba en el barrial Sportivo Pereyra y que en 1943 se había ido a probar a Boca, donde le dijeron que no tenia condiciones. Entonces un amigo llamado José Varela- alguna vez erróneamente se dijo que fue el uruguayo Obdulio Varela- lo llevo a Banfield, para jugar en quinta división: Juan José Pizzuti.

De todos modos el equipo no encontró el rumbo y una lesión de Rafael Sanz, que era el “cerebro” de la delantera, término de complicar todo. Recién el la ultima fecha Banfield logro salvarse del descenso al empatar con los Granates en Lanús, en un partido catalogado como de “buena vecindad” por que según el semanario Campeón “los pases de los Granates salían justamente hacia los albiverdes ¿no vayamos a decir que los colores son parecidos?”.

Así finalizo una campaña paupérrima. ¿A qué se debió semejante fracaso? Por un lado vale la conclusión de campeón: “A tenido muchos factores en su contra y el principal de ellos resultó ser fatal de suplentes. Pudo ser una de las sorpresas de la temporada pero su plantel titular no aguanto el esfuerzo y se rindió ya a la mitad de la primera rueda”.

Pero hubo otro motivo, Banfield presento su equipo de 1946 y si bien este elenco campeón en forma aplastante en el ascenso estaba en integrado por muchos futbolistas con experiencia en primera, los años en que Fernando Sánchez, Guzmán, Silvera, Laidlaw y Sanz jugaron en segunda, el fútbol de la división superior cambió. Marcas hubo siempre, pero através de un proceso lento, que según el cronista del El Gráfico Borocotó empezó en 1940, éstas fueron paulatinamente ajustándose. Los primeros síntomas de cambio se percibieron en 1947, aunque se acentuaron y consolidaron dos años después.

Precisamente 1947 fue el último año que Eduardo Silvera jugó como titular en primera. “En 1947 al fútbol lo noté cambiado, era mas ligero, había más velocidad. Además cuando el half (adversario) amarraba una pelota había que correrlo, molestar. Hata 1944 me quedaba en la punta, un poquito al medio, pero después tenia que molestar al has (tener que marcar) fue una novedad para todos, pero después nos fuimos acostumbrando y no había problemas”, recuerda el “Negro” Silvera, y agrega que perjudicaba el espectáculo “porque se estaba más amontonado. Antes cuando te tiraban un córner, estaba la defensa y por hay bajaban los insiders. Los wines y el centrefoward tenían que quedar abiertos, nada de ir al área nuestra “.

Opuesto es el testimonio de Gustavo Alvella, justamente en 1947 fue su primer año como titular en primera: “al dos que marcaba, yo lo corrí hasta el arco mío si se me iba”.

En 1952 el periodista Félix Frascara escribió: “nos divertíamos más cuando los forwards disponían de espacio para sus desplazamientos, cuando el centre half era el dueño del centro de la cancha y actuaba constantemente en ayuda de sus delanteros, constituyéndose en un segundo director del ataque. Nos divertíamos cuando los tres centrales iban eludiendo hombres mediante la filigrana de pases cortos, o cuando un delantero recibía la pelota con el pie derecho, se la pasaba al izquierdo y volvía a colocársela en el derecho para tirar al arco de emboquillada. Ahora no se puede hacer nada de eso, porque cada forward tiene un vigilante y porque hasta el centre half tiene un rival que lo marca”.

La eficacia de la defensa iba en aumento. Las líneas medias defendían más de lo que apoyaban. En otras palabras, se arriesgaban cada vez menos.

Por último Florencio Sola el 2 de mayo de 1961, día que se fundo la peña “amigos de Banfield”, presidiada por el y por Pedro Chassón como vice. Vale destacar que además de organizar comidas y fletear micros a precios sumamente económicos cuando El Taladro jugaba de visitante, la peña entrego 600 mil pesos al Club en efectivo, dos billares, mesas de ping pong, 24 mesas y 82 sillas tapizadas para el buffet, dos percheros, una caja fuerte, un armario fichero para expedientes y las camisetas, pantalones, medias y buzos que utilizó el equipo en 1962 cuando se consagró campeón de primera B y volvió al circuito privilegiado después de siete temporadas en el ascenso. Lencho vivió en Villa Crespo, Capital Federal, hasta el día de su muerte, no recibía ni a periodistas ni a historiadores. Y por supuesto, el estadio del Club Atlético Banfield lleva su nombre.

 

 

Este texto lo sustraje del libro, “Banfield Campeón Moral 1951 por Víctor Raffo”.

Espero que lo disfrute, al igual que yo al trascribirlo a TALADROMANIA para ustedes.

A y si tienen tiempo, deseen una vuelta por la pagina wed de la agrupación “Lencho Sola”

por y para Banfield www.poryparabanfield.com.ar/index.html.

 

 

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